Ante el absurdo muere toda reflexión.

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lunes, 21 de noviembre de 2016

Ayahuasca.


Al sentirte mis miedos afloraron,
abriste portales y puertas en mi mente.
Caí en espirales infintos
y sentí la nada, el vacío.

Sentí un frío indescribtible
ya no tenía el control sobre mí mismo.
El frío se hizo insoportable
volviste mi cuerpo inhabitable.

Sentía la muerte inminente
¿muerte de qué?
no lo sabía explicar
era la muerte de mi ego.

No lo entendía, me aferraba.
Tú no descansabas,
querías mostrarme que me apegaba
a la peor versión de mi persona.

Me mostraste mi peor humanidad.
Me castigaste, me mostrabas la verdad.
Me cortaste con tu filo,
y salieron huyendo mis demonios.

¿Este soy yo?
Aterrado de mí mismo, pregunté.
¿Es esto lo que soy,
este odio, esta alma oscura?

Pude ver mis actos injustos,
pude ver mi hipocresía.
Pude ver mi egolatría
pude ver el desorden de mi corazón.

En plena tortura me susurraste:
"no estás en control".
Sólo cuando entendí tal verdad,
me acepté y se fue la desesperación.

Me enseñaste a perdonar
primero a mí, luego a los demás.
Me enseñaste a agradecer
y siempre tratar de ayudar.

"Sé como el fuego",
me dijiste con serenidad.
Y dejé de respirar y de vivir,
comencé a arder, me sentí vital.

Medité en un suelo vasto.
Sentado frente al fuego
trascendí planos y alcancé la paz,
pude tocar a Dios con mis dedos.

Me encontré en tus revelaciones.
Tu terapia me hacía sentir
que por primera vez,
yo, era capaz de ver.

Pero no veía con mis ojos,
sino con mi alma.
Las lágrimas brotaban
habías curado esta ceguera.

Me ensañaste que la tierra
es nuestra madre.
que somos niños salvajes,
que somos terrestres y sabios.

Me enseñaste que la verdad es simple.
¿Y la vida? lo es aún más.
Tan simple como una gota de lluvia
posada en una hoja, inmóvil.

"Sé sencillo" insistías.
Tal vez tengas razón,
lo que importa no son los objetos,
lo que importa es divino y está por dentro.

Te mostraste a mí como una divinidad.
Pero luego en frente mío
te quitaste la máscara y
sólo pude ver mi reflejo.

En efecto, ahora comprendo.
estaba en el corazón de Dios.
Llené mi templo con tu humo y,
con el fluir de los ríos yo fui sólo uno.

Me enseñaste a creer de nuevo
en la gente, en mí, en mi especie.
Somos más que carne y huesos
somos bondad y somos grandeza.

¿Cómo puedo yo
agradecer tu sabiduría infinita?
Eres planta sagrada y sanadora,
gracias por tu visita.
"El beso de la musa" Alex Grey.


















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